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Cómo ocurre un embarazo

Si tengo relaciones sexuales sin condón y mi compañero usa el método de retiro del pene, ¿puedo quedar embarazada?

¿Cuántas veces hay que hacerlo para dejar embarazada a una chica?



La decisión de no hacerme un aborto fue la correcta para mí. Esto es lo que verdaderamente significa tener la libertad para elegir.
Mientras miraba las dos líneas de color rosa de la prueba de embarazo, me corrían las lágrimas. No podía tener un bebé a los 15 años. De ninguna manera.

Del romance a la realidad

El día que conocí a mi novio, nos quedamos sentados en la playa mirando el atardecer. Al poco tiempo nos enamoramos perdidamente y éramos inseparables. Unos seis meses después de iniciar la relación tuvimos sexo por primera vez.

Al principio, siempre usábamos condones. Quería tomar la píldora, pero no sabía que en el lugar donde vivía me podían recetar anticonceptivos sin el consentimiento de mis padres, y estaba segura que mi madre no lo aceptaría.

Con el tiempo, dejamos de usar condones y empezamos a usar el método del retiro; mi novio salía justo antes de acabar. Sabíamos que había un riesgo de que quedara embarazada con este método, pero pensamos que sólo podía pasar si el hombre no salía a tiempo. No sabíamos que en la preeyaculación puede quedar una pequeña cantidad de semen de una eyaculación previa.

15 años y embarazada

Mi período era como un reloj; me venía cada 28 días. Pero de repente, un día se me atrasó el período y sentía los senos hipersensibles. Traté de no preocuparme. Traté de pensar que sólo era un retraso. Pero llegó el fin de la semana y aún no me había venido el período. Entonces mi novio y yo decidimos comprar una prueba de embarazo.

Ahí estaba. Tenía sólo quince años y estaba mirando las dos rayitas color rosa. Lloré durante mucho tiempo y no podía terminar de creer que era verdad. Seguía pensando que tal vez había leído mal las instrucciones de la prueba o que simplemente se me había atrasado el período.

Después que me calmé, mi novio y yo conversamos sobre las opciones que teníamos. Nos inclinamos hacia un aborto. Aunque no creía que les podía contar a mis padres lo que estaba pasando, mi novio sabía que podía hablar con los suyos. Su madre le brindó todo su apoyo pero pensó que también era muy importante que yo les contara a mis padres. Le dije que les contaría algún día, pero no por ahora y probablemente no en el futuro cercano.

Mamá y papá se involucran

Estaba en la escuela almorzando cuando me avisaron que tenía una llamada de teléfono en la oficina. Era mi papá. La mamá de mi novio lo había llamado y le había contado todo. Empecé a llorar.

Pero ante mi sorpresa, mi papá no reaccionó de la manera que yo había imaginado. Me dijo que me apoyaría cualquiera fuera mi decisión, incluso si decidía tener el bebé. También me dijo que iba a hablar con mi mamá, aunque mis padres están divorciados.

Después de la escuela, esperé en mi habitación a que mi mamá regresara del trabajo. Tenía tanto miedo que lloré acurrucada en la cama. Escuché a mi mamá entrar en la casa pero en vez de subir las escaleras para gritarme, hablaba calmadamente con mi padrastro.

Seguramente mi papá no había alcanzado a contarle nada. Estaba a salvo. Después sentí pasos que se acercaban a mi habitación. Esto no tenía sentido. Debía estar llorando o tirándose de los cabellos. Pero en cambio, llamó a la puerta de mi habitación, entró y me abrazó. Me dijo que me apoyaría no importa la decisión que tomara; que se trataba de mi cuerpo y que yo tenía todo el derecho de elegir lo que iba a hacer.

Mi decisión

Después de hablar mucho con mi familia, decidí continuar con mi embarazo. Ahora había llegado el momento de confrontar otro temor. ¿Qué dirían en mi escuela? Imaginé que todos me considerarían una chica fácil o que los maestros me despreciarían.


Pero ninguno de mis miedos se materializó. Al contrario, me hice de más amigos, porque había muchas chicas de mi edad que querían saber los detalles de mi embarazo. Mis maestros fueron muy comprensivos, y algunos me dejaban ir al baño sin tener que pedir permiso. La gente se ofrecía a compartir sus almuerzos conmigo e incluso querían ayudarme a subir las escaleras, aunque realmente no era necesario. Fui al médico regularmente para los cuidados prenatales y pronto descubrí que iba a tener una nena. Mi embarazo avanzó sin problemas.

La decisión de mi novio

Cuando llegué al octavo mes de embarazo, mi novio y su mamá trataron de convencerme que diera el bebé en adopción. Cuando me negué, mi novio rompió conmigo y dijo que no quería ser parte de la vida de nuestra hija.

Realmente fue devastador. Pero no le dije a nadie lo que había pasado porque no quería que mi familia pensara mal de mi novio. Pensé que cuando viera a la beba cambiaría de opinión.

Una nueva vida

Dos días después de la fecha indicada, empezaron las contracciones del parto. Veintitrés horas después, nació mi hija. Mi novio estuvo presente en el nacimiento y sorprendentemente me brindó su apoyo. Incluso se ocupó de la beba en el hospital mientras me recuperaba. Pero no cambió de opinión con respecto a la crianza.

Ahora mi hija tiene seis años, y yo estoy en la universidad estudiando psicología. Mi vida no ha sido tan fácil como la de una estudiante promedio, pero no la cambiaría por nada en el mundo. Soy presidenta de la división de VOX de la universidad: Voices for Planned Parenthood. Soy asistente en las clases de sexualidad humana e informo a los estudiantes sobre infecciones de transmisión sexual y prevención de embarazos.

A pesar de que elegí no hacerme un aborto, no forzaría a nadie a tomar esa decisión. No todos tienen la suerte de contar con la red de apoyo que yo tuve, y la decisión de ser madre es algo muy personal.

La decisión de no hacerme un aborto fue la correcta para mí. Esto es lo que verdaderamente significa tener la libertad para elegir.

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